domingo, 19 de junio de 2011

El Rodeo: el triunfo de la maldad

La situación carcelaria en Venezuela ha sido noticia últimamente. La crisis que sacude al sistema penitenciario nacional genera zozobra entre los reclusos, hoy llamados, de forma hipócrita, privados de libertad, recordando aquello de lo políticamente correcto que nos describió Umberto Eco.

Sin embargo, hay que señalar que esta crisis es de vieja data. Las corruptelas que permiten el ingreso de armas y estupefacientes a los penales, así como el otorgamiento de determinados beneficios a los reclusos son un tema de largo recorrido.

En la actualidad, la situación parece haber empeorado. Los reclusos poseen armamento de alto calibre, manejando las cárceles a su antojo. Bajo el dominio de los denominados “pranes”, los penales se han convertido en centro de operaciones de los hampones, coordinando y dirigiendo, desde allí, hechos delictivos en las afueras de los centros de reclusión.

Ante este panorama, el gobierno nacional ha decidido retomar el control del Internado Judicial Rodeo, complejo penitenciario conformado por dos etapas: Rodeo I y Rodeo II, con una capacidad instalada de 1.250 reclusos, pero que hoy en día, según datos del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), alberga a un total de 2.439 individuos. Cabe destacar que cito a la mencionada ONG, porque en la página web de la Dirección Nacional de Servicios Penitenciarios (DNSP) no existe ningún tipo de información al respecto.

El operativo emprendido por el gobierno ha sido duramente criticado por diversos sectores del país, reconociéndose, en algunos casos, un gran desconocimiento del tema y un mero interés político en el abordaje de la problemática. Sin embargo, la actitud asumida por el gobierno, al igual que en anteriores oportunidades, lejos de contribuir a la legitimación de sus acciones, ha producido un clima de desconfianza en torno a la operación.

En primer lugar, el ya acostumbrado cerco mediático, en el que la labor de los medios de comunicación privados es obstruida abiertamente por los cuerpos de seguridad del Estado, permitiéndose únicamente el acceso al aparataje mediático bajo control estatal.

En segundo lugar, el manejo político de los voceros oficiales, quienes pretenden achacar la situación al manejo que dan los medios privados a la información y al sempiterno plan desestabilizador de oposición apátrida que, en esta ocasión, en alianza con los antisociales, pretende derrocar al gobierno revolucionario.

La politización de un tema tan delicado, sólo genera más problemas y es un grave error tanto de gobierno, como oposición. Los primeros deben asumir su responsabilidad como encargados de la seguridad y control de los centros penitenciarios y, los segundos, si bien están en su libre de derecho de emitir las críticas que consideren pertinentes, no deben buscar réditos políticos de una situación tan lamentable.

Adicionalmente, considero adecuado hacer una aclaratoria en torno al concepto del uso progresivo de la fuerza, él mismo establece una escala de actuación de los funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado, en función de los tipos de situación que enfrenten. En el caso en cuestión, los reos han mostrado una conducta hostil en contra de los funcionarios, ante lo cual, los mismos están facultados para el uso de la fuerza en forma proporcional. Es decir, ante la arremetida con armas de fuego de distinto calibre por parte de los reclusos, los cuerpos de seguridad, están autorizados a repeler dichos ataques usando armas de fuego, con el fin de neutralizar a los reos, buscando el menor derramamiento de sangre posible. Sin embargo, no deja de ser curioso, que un cuerpo minado de vicios como la Guardia Nacional, principal sospechoso de contribuir con la venta de armas y drogas en las prisiones, sea el encargado de combatir los males que ha engendrado.

Por último, es de extrema importancia reflexionar en torno a la situación actual de las cárceles en el país. Hoy es El Rodeo, mañana puede ser La Planta o la Penitenciaria General de Venezuela (PGV). El sistema penitenciario debe ser reestructurado siguiendo los parámetros internacionales más estrictos, con el fin de evitar cualquier tipo de desviaciones y que, con sumo pesar, debamos atravesar nuevamente una situación tan difícil como la que estamos viviendo actualmente.


Francisco Javier Touceiro Rodríguez.
C.I. V-17758887